Cuando estaba embarazada y ya me tocaba empezar a comprar cositas para el bebé, descubrí un nuevo mundo a mi alrededor. Mis amigas me hablaban en un lenguaje que yo no entendía, y las miraba con cara rara.
Sino, ¿quién sabía lo que era una polaina? ¿la ranita? ¿el punto smock? ¿la capotita? ¿el arrullo? ¿la toquilla? ¡pero esto qué es! Además de la que nos esperaba con el bebé, teníamos que aprendernos un sinfín de palabras nuevas con las que nos tocaría convivir a partir de ese momento.
Luego viene lo mejor, cuando tienes que ir a la farmacia a comprar un montón de cosas nuevas, entre ellas los pañales, y tienes que saber de entrada qué talla tiene tu bebé. ¿Pero cómo voy a saber qué talla tiene si todavía no lo he visto? ¿eso cómo se sabe?
Luego, yo que le doi biberón, entré en el maravilloso mundo de las tetinas y las leches en polvo. ¿Sabíais que hay diferentes tipos de tetinas?
Y las leches, madre mía con las leches, ¿pero cuántas marcas hay? ¿cómo iba a saber yo la que quería si en mi vida había oído hablar de ninguna?
Creo que la gente da por sentado que una, por el hecho de que va a ser madre, ya lo tiene que saber todo a cerca de un bebé, y señores, ESO NO ES ASÍ. No tenemos ni idea de nada, ni siquiera sabía yo lo que era el instinto maternal. Todos habríamos necesitado un cursillo para que nos introdujeran en el maravilloso mundo de la maternidad y la paternidad. ¿O esto es algo que sólo me ha pasado a mi......?
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